lunes, 13 de abril de 2015

Cuando el esfuerzo llega casi a sufrimiento - Crónica de la brevet de 300 km en Algete - 11 de Abril de 2015

El sábado 11 de Abril se celebró una de las dos brevets de 300 km convocadas por el GDC Pueblo Nuevo para la temporada 2015. El Pakefte no faltó a la cita, representado por gente de todos los niveles. En cabeza, Roberto y su reclinada (a quien algunos testigos presenciales confundieron con un avión en vuelo rasante al pasar por la remozada carretera camino de Sigüenza). Cerrando el grupo, quien redacta este escrito, José Antonio Jiménez, escoltado por Eduardo Soler, de Ciclocubín, junto con otros compañeros, Agustín y David. En el tramo desde Fuencemillán hasta Atienza estuvimos acompañados por Juan, un invitado de lujo.

Y es que para mí la prueba empezó con bastantes incertidumbres, debido a las molestias causadas por un virus estomacal que me atacó el viernes, dejándome sin poder comer en todo el día y con una debilidad notable.

A pesar de todo quería intentar hacer la brevet a ritmo "vivo", como me había propuesto originalmente, es decir, entre 23 y 24 km/h de velocidad media, y arranqué la brevet con la intención de mantenerme en un grupo que me pareció adecuado, en el que destacaba la presencia de José María Benayas y la pareja de propietarios de la tienda Ciclowork, Andrés y Susana. Agustín y Eduardo se integraron perfectamente, pero David no empezó muy bien y se quedó atrás.


Cuando llegaron las primeras rampas, en la zona de Valdenuño, el sol ya iluminaba los campos, que lucían el esplendor de la primavera. Ahí empecé a constatar que mi estado físico no era el óptimo para afrontar un reto como los 300 km, pero decidí seguir con el plan previsto y conté para ello con la inestimable colaboración de Agustín. La idea era hacer paradas cortas y eficaces, tratando de comer en ruta puesto que llevábamos suficientes provisiones. En Fuencemillán se unió a nosotros Juan, quien nos acompañó hasta un poco más allá de Atienza. En el control de Jadraque decidimos no parar a comer en el restaurante (porque Agustín y yo llevábamos comida suficiente), pero Eduardo sí necesitaba una parada más larga y se quedó desayunando con el grupo de Benayas. Como iba sobrado de fuerzas sabíamos que podíamos salir por delante, y él nos recuperaría el terreno. Justo antes de llegar a Atienza nos alcanzó el grupo con Eduardo, y la historia se repitió. Volvimos a salir de Atienza antes que ellos, tomando el camino de Sigüenza. Pero las cosas se estaban empezando a torcer. Mis piernas ya no respondían y no era capaz de adaptarme a ningún grupo. Rodaba a mi ritmo (muy lento) y me parecía que el viento soplaba todo el tiempo en contra (en realidad daba lateralmente). Eduardo y su grupo nos alcanzaron a unos diez kilómetros de Sigüenza. El grupo siguió hacia delante, pero Eduardo se quedó con nosotros. Juan pinchó sin que nos diéramos cuenta, y nos mandó un mensaje, pero no pudimos verlo hasta un rato después. Pensábamos que nos iba a alcanzar, pero no fue así porque sufrió un segundo pinchazo y decidió regresar a casa.


Mis recuerdos del tramo entre Sigüenza y Masegoso son vagos, porque mi mente estaba concentrada en mantener un ritmo digno y optimizar el pedaleo contra el viento. En esta zona el punto más relevante es la subida desde el río Dulce hasta la vía de servicio de la A-2, un tramo que realicé despacio, mientras Agustín y Eduardo se me iban perdiendo en la distancia. Justo al pasar el cruce de Mirabueno fui sobrepasado por varios grupos, uno de ellos con Manolo Morente y Bea, mis compañeros de la brevet de 1000 km del pasado año. También me adelantó David, que se había recuperado de su bajón inicial. Seguía sintiendo cansancio, dolor de estómago y un pinchazo preocupante en la rótula derecha.

En el control de Masegoso de Tajuña viví la experiencia más agradable de la jornada. Cuando me acercaba a mi bicicleta para reanudar la marcha me abordó un joven ciclista diciéndome "¡Es curioso conocerte en persona!". Creo que se llamaba Miguel, aunque yo no estaba en las mejores condiciones mentales para recordarlo. Me dijo que llevaba tiempo siguiendo mi blog y el del Pakefte, y que en buena medida se había aficionado al ciclismo randonneur por nuestras crónicas. Fue todo un detalle y un pequeño subidón moral para mí saber que estas pequeñas batallitas le hayan podido interesar alguna vez a alguien. Miguel se había integrado en un grupo bastante fuerte, el del CC Chamartín, con José Manuel Andrey, y se le veía muy bien, especialmente teniendo en cuenta que era su primer 300. Me hizo notar que, en su opinión, estábamos llevando un ritmo bastante alto en esta brevet... lo cual era evidentemente cierto. A pesar de que mi estado no era nada bueno, seguíamos manteniendo una media de casi 24 km/h en ese punto, y el total de tiempo acumulado en paradas, registrado en mi GPS, no llegaba a una hora. Estábamos en el kilómetro 187, a falta de 113 para meta.


En Masegoso enfilábamos el valle del Tajuña, el momento más esperado de la jornada, porque la pendiente va siendo favorable durante más de 50 kilómetros, y porque esperábamos que el viento fuera favorable, ya que se suponía que iba a soplar del Este durante todo el día. Nada más salir del control nos dimos cuenta de que algo no cuadraba. Rodábamos a buen ritmo pero no notábamos el supuesto viento favorable, sino más bien algunas rachas laterales de dirección variable. Conseguimos formar un grupo con ciclistas que íbamos recogiendo por el camino, en un pelotón bien guiado por Agustín y Eduardo. Más o menos a la mitad del valle, a la altura de la mística sede de los Hare Krishna, el viento roló definitivamente y se puso a soplar con fuerza... del Suroeste... es decir, en contra, frenando nuestro avance ostensiblemente. En ese punto me quedé solo con David, pero no era capaz de seguir ninguna rueda, así que tiré de oficio y decidí seguir a mi ritmo, con paciencia y tratando de olvidarme del viento. En la gráfica de perfil y velocidad se percibe claramente el bajón que sufrí desde entre el kilómetro 225 y 250 aproximadamente, un bajón del que ya no me recuperaría hasta la meta.

De esta forma el famoso valle del Tajuña volvió a cumplir una vez más uno de los mitos de las brevets, y es que el viento siempre sopla en contra, independientemente de las previsiones meteorológicas. Sólo recuerdo haber pasado por ahí con viento a favor en una brevet de 300 en el año 2010, y sin viento en la brevet de 1000 km de 2014. Ninguna vez más.

Tras subir penosamente el puerto del Pozo de Guadalajara nos tomamos un pequeño descanso para reponer fuerzas y pasar juntos por las complicadas rotondas y autovías de Alcalá de Henares. David se marchó por delante, y volvimos a quedarnos los tres ciclistas que hicimos casi toda la jornada juntos. Así llegamos a Algete poco después de las 20 h, como puede verse en la pantalla de mi GPS. Sin embargo, la persona encargada de recepcionarnos en el polideportivo de Algete marcó en mi carnet de ruta las 21:21 h. Creo que fue un error, que no tiene mayor importancia, puesto que el límite oficial permitía llegar hasta las 2 de la madrugada, pero no me di cuenta en el momento.


Allí nos encontramos con David, que acababa de llegar, y con Raúl, un compañero de su club que había venido muy fuerte y se había ido por delante casi desde el principio de la prueba.

Y, a pesar de todo, conseguí cumplir con el objetivo inicial de mantener una velocidad media superior a 23,1 km/h en movimiento, o algo más de 21 km/h si se suma el tiempo en paradas. No era tan mal resultado. Fue el momento de descansar definitivamente, tras una de las brevets más sufridas que he realizado. Yo siempre digo que no me he metido a ciclista para sufrir. Creo que la palabra "sufrimiento" no es la más apropiada porque tiene connotaciones negativas. En todo caso, me gusta más la palabra "esfuerzo", es decir, hay que pasar por situaciones en las que hay que dar algo más de uno mismo y trabajar para conseguir algo, pero la satisfacción y el disfrute por el premio conseguido es superior a las malas sensaciones vividas en algún momento. Y si las cosas se tuercen, hay que sacar el sentido positivo que tienen, como experiencia acumulada y convivencia con los compañeros. En este caso la brevet me ha servido para conseguir la homologación en esta distancia esta temporada, un requisito imprescindible para poder aspirar a la París-Brest-París, y sobre todo para experimentar un punto de vista diferente. Normalmente, en otras brevets soy yo quien tira del grupo y ayuda a quienes no van muy bien. Pero en este caso he jugado el partido desde atrás, siendo yo el que tiene que agradecer, y mucho, la ayuda de buenos compañeros como Agustín, Eduardo, Juan (con su compañía improvisada durante un tramo) y David. Muchas gracias al Pakefte.


Epílogo.
Escribo estas líneas en la noche del domingo, todavía con pequeños síntomas del virus estomacal que me atacó, y con un dolor intenso en la rótula derecha, que me hace cojear al caminar. La próxima distancia oficial será alguno de los 400, probablemente el próximo mes.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Videocrónica de la brevet de 200 km del GDC Pueblo Nuevo, desde Algete.

El pasado 28 de Febrero se celebró la primera brevet de 200 km de esta temporada en Madrid. Concretamente desde el polideportivo de Algete, organizada por el GDC Pueblo Nuevo.

Esta es la videocrónica del día:



Y este es el resumen en forma de mapa:



jueves, 12 de febrero de 2015

Apología del ciclismo de larga distancia

Me apetece hacer un poquito de apología. 

Mucha gente sabe que hay muchas formas de ciclismo, pero algunos ciclistas todavía no. Muchos conciben este deporte como un sufrimiento digno de extraterrestres, y creen que sus bicicletas son armas para competir, para correr, ¡¡para ganar!!... 

Sólo algunos son capaces de comprender que, cuando nos subimos a una bici los domingos, no necesariamente tenemos que picarnos con los ciclistas que comparten la carretera o el carril bici con nosotros. ¿Habéis probado a entablar conversación con los ciclistas desconocidos que coinciden con vosotros? ¡Probadlo! En lugar de salir a demostrar al mundo lo machotes que somos, probad a olvidaros de competir; mirad un paso más allá y aprended a disfrutar del paisaje, del aire, de la naturaleza que os rodea, etc... 

En esta línea, quería ensalzar ese "otro" ciclismo que practicamos algunos, que puede llegar a ser tan duro y agónico como el ciclismo de competición (o a veces más), pero no tiene como objetivo "ganarle" a nadie. La modalidad randonneur nos permite explorar mucho más en nosotros mismos, conocer nuestros límites y nuestras capacidades, saber que somos capaces de afrontar situaciones delicadas, gestionar nuestros recursos y finalmente conseguir objetivos difíciles de imaginar. 

Para quien no lo sepa, el ciclismo RANDONNEUR o de LARGA DISTANCIA está muy reglamentado y es más antiguo que el ciclismo "de pelotón". De hecho, la prueba reina, la PARÍS-BREST-PARÍS (1200 km en 90 horas), es la más antigua del mundo, incluso anterior al Tour de Francia. Se celebra cada cuatro años, y toca en 2015. Intentaré participar. Pero para ello hay que cumplir con el reglamento, que obliga a completar una serie de "Brevets" o pruebas eliminatorias, en las que no hay clasificaciones ni premios, pero sí existe la obligación de cumplirlas dentro de un tiempo determinado para poder calificarse. Las brevets obligatorias son de 200 km (en 13,5 horas), 300 km (20 horas), 400 km (27 horas) y 600 km (40 horas), pero también hay otras como las de 1000 km (con un límite de 75 horas). 

El ambiente en una Brevet es completamente diferente del que se vive en las pruebas ciclodeportivas, tan de moda últimamente. Normalmente se encuentra gente preparada, física y psíquicamente, personas analíticas, tranquilas, con gran capacidad de sufrimiento, autocontrol y organización. Y el espíritu es de colaboración. Normalmente nadie está preocupado por bajar de una determinada marca. Es mucho más importante llegar con tu grupo y conseguir que todos puedan alcanzar el objetivo común. Es más gratificante ayudar a un compañero a conseguir su reto que bajar tu propio tiempo unos minutos... o unas horas.


Hace unos años que preparo este tipo de pruebas con un grupo de ciclistas muy peculiar, el Pakefte, en el que ya hemos programado la agenda de posibles brevets para esta temporada (http://pakefte.blogspot.com.es/p/agenda-2015.html) . 

Toda la información sobre las Brevets que se organizan en España está en esta web: http://randonneurs.es/ Para quien no conozca este tipo de ciclismo puede ser todo un descubrimiento.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Solsticio de invierno 2014


Coincidiendo con el solsticio de invierno, es tradición de algunos clubes hacer la ruta "De Sol a Sol", que comienza con la salida del sol y acaba, como no puede ser de otra manera, al anochecer.

El Pakefte también tiene esta tradición, añadiendo que el punto de salida se sitúa en la misma Puerta del Sol de Madrid, y en esta ocasión quisimos salir hacia el Oeste, siguiendo al sol.

Pasamos por lugares tan bonitos como Robledo de Chavela, el puerto de la Cruz Verde o el Monasterio del Escorial. Después de tomar diferentes decisiones a lo largo de la ruta, fuimos a caer a Collado Mediano, donde tomamos el tren de vuelta a Madrid, cuando el sol se estaba escondiendo. 

Misión cumplida.









Album con todas las fotos:

https://plus.google.com/photos/107800590932972178412/albums/6095572208092134145 

martes, 4 de noviembre de 2014

Transición entre temporadas. Dos maratones BTT: Talajara y Sierra de Cazorla 2014

Para comenzar la temporada ciclista 2015 (que para mí empieza el 1 de Noviembre de 2014), no se me ha ocurrido otra cosa que participar en la Maratón BTT Sierra de Cazorla, una prueba de montaña demasiado técnica para mí, aunque muy bonita por paisajes y por recorrido. Como no podía ser de otra manera, me la tomé con calma y haciendo este pequeño vídeo de recuerdo:




Y el pasado mes de septiembre, para dar fin a la temporada 2014, también participé en otra prueba, la concurridísima Talajara (125 km), con más de 3000 ciclistas. Esta es mucho menos técnica, pero la lluvia y el barro hicieron estragos, convirtiéndola en una durísima prueba de resistencia:



jueves, 18 de septiembre de 2014

Referencias y vídeos sobre ciclismo randonneur - La París-Brest-París


Dentro del ciclismo randonneur, sin lugar a dudas la prueba que ocupa el primer puesto por importancia, seguimiento, interés cultural y económico, es la París-Brest-París, la prueba ciclista más antigua del mundo. Se celebra cada 4 años en el mes de Agosto, y en cada edición se supera el número de participantes de la anterior. Hace algo más de diez años oí hablar de esta prueba por primera vez, y desde entonces tuve un interés creciente por ella. En los últimos años me he ido introduciendo en el mundo del ciclismo de larga distancia, realizando brevets cada vez más largas, y esta temporada albergo la esperanza de participar por primera vez en mi vida en esta prueba. Otros amigos han estado allí antes que yo, y siempre cuentan maravillas del extraordinario ambiente y la experiencia de recorrer todo el norte de Francia en bicicleta. Uno de mis compañeros de rutas más destacados, Juan Merallo, escribió un bonito relato de su participación en la París-Brest-París 2007, que puede leerse aquí:


En esta página se pueden encontrar historias de todo tipo escritas por autores anónimos, la mayoría en inglés o francés:


Un participante ilustre que consiguió terminar la PBP2007, Juan José Ibarretxe, por entonces lehendakari del País Vasco.

Aparte de las historias de éxito, hay cientos, miles, de historias anónimas de ciclistas que lo han intentado, preparándose largamente para luchar contra sus propios límites, y que a la hora de la verdad no han podido terminar. Averías, lesiones y circunstancias diversas pueden ocurrir a lo largo de una prueba de ultrafondo, dando al traste con la realización de un sueño como este.

El sitio web de referencia para el ciclismo randonneur en España puede ser la página de los Amigos de la Bici de Salamanca, con el calendario de pruebas que se organizan en todo el país:  http://www.randonneurs.es/


Para aquellos que estén interesados, voy a recopilar una serie de enlaces y vídeos que he encontrado por internet...

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PARIS-BREST-PARIS 2007
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1) Este vídeo dividido en 6 partes es una auténtica maravilla. Las pongo a continuación, se pueden ver de una en una:







2) A continuación pequeños fragmentos con los "extras" del vídeo anterior.





3) Y a continuación algunos otros vídeos que he encontrado por la red...


Paris Brest Paris 2007 from Damon Peacock on Vimeo.




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PARIS-BREST-PARIS 2011
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Vídeos de la París-Brest-París 2011:






lunes, 15 de septiembre de 2014

Mi marcha cicloturista del sábado

Hace nueve años, por Septiembre, escribí un artículo con el que di comienzo a una nueva forma de sentir mi pasión por el ciclismo. Por aquel entonces, mi hija Rocío empezaba a ir al colegio. A día de hoy he conseguido transmitirle en cierta medida la pasión por vivir en bici, con todo lo que conlleva. Coincidiendo curiosamente con una nueva fase de su vida, ahora que comienza a ir al Instituto, mi vida ciclista también evoluciona. Siento que la próxima temporada va a marcar otro hito en mi vida... y he querido traer a este blog aquel texto, con el que me sentí tan identificado, a pesar de que el paso del tiempo haya podido dejar obsoleta alguna de sus reflexiones. 

Esto es lo que escribí:


¿Qué es el cicloturismo? ¿Cicloturistas o ciclodeportistas? ¿Hay que llevar alforjas para ser cicloturista? ¿Se puede hacer deporte y apreciar la naturaleza al mismo tiempo?

Pese a que mi pueblo estaba en fiestas y me había ido tarde a la cama, el despertador no llegó a sonar; me desperté con las primeras luces del alba y me levanté sigilosamente para no molestar a mi mujer y a las niñas, que dormían en la misma habitación (en casa de mis suegros, en el pueblo, no disponemos de habitaciones individuales para todos). Las temperaturas todavía no eran muy frías en Jaén, y mi ropa de ciclismo estaba preparada en una silla del patio. Miré al cielo antes de elegir. Las nubes grises me hicieron temer una jornada húmeda; decidí dejar la cámara de fotos en casa y coger el chubasquero, por si acaso. Una camiseta interior y un maillot de verano más los manguitos serán suficientes para afrontar la jornada.

Salgo a la plaza y me dirijo a la fuente, de la que fluye continuamente el mejor agua del mundo. Lleno los botes y cruzo la línea de salida sin aglomeraciones, sin megafonía y sin dorsal. Las farolas de la plaza están aún encendidas, poco después de las 8 de la mañana. El pueblo destila ese silencio resacoso de los días de feria, sólo interrumpido por el canto de algunos pájaros o el ruido del vehículo de algún agricultor despistado que no conoce festivos. Al pasar por el puente sobre el río san Juan, a 640 metros de altitud, comienzo el ascenso al puerto de Locubín, con buenas sensaciones en las piernas. A ratos sentado y a ratos de pie, subo el primer tramo de 4 kms entre el 5% y el 7% de pendiente media, y paso junto a los cortijos de la Sierrezuela y Fuente Rueda. El cielo está encapotado, noto una brisa fresca y húmeda que me sienta bien. La tierra de las cunetas muestra aún los restos de las lluvias de días pasados. Tras un falso llano comienza el ascenso sostenido durante 6 kilómetros más, con rampas entre el 6% y el 10%. 


Conozco este puerto como la palma de mi mano. Sé exactamente qué rampa viene después de cada curva, conozco los olivos de la ladera a mi derecha y las encinas (aquí las llamamos chaparros) del precipicio a mi izquierda. Pese a que en los meses de Agosto y Septiembre no he podido entrenar apenas, me encuentro bien, y llego a los últimos dos kilómetros, donde la pendiente se suaviza hasta el 4%, con ganas de acelerar hasta el puerto. Tardo exactamente 46 minutos en coronar desde la plaza del pueblo, cuando el mejor tiempo que recuerdo en mi vida fueron aquellos 45 minutos que conseguí los días previos al Ascenso a la Pandera 2004, curiosamente aquella edición en que sufrí una pájara descomunal en este mismo puerto, a dos kilómetros de la cima...  

Esto es deporte.


Me paro en el cruce de caminos y me tomo la primera barrita de cereales, mientras contemplo cómo mi deseada cumbre de la Pandera se recorta entre nubarrones grises al Norte. Sin embargo, algunos tímidos rayos de sol aciertan a colarse entre las nubes de la sierra Ahillos, hacia el Oeste. Parece que el día va a aclararse. 

Un vehículo que pasa por la carretera me saca de mis pensamientos. Caigo en la cuenta de que es el primer coche que veo en todo el día, y me pongo de nuevo en marcha. Tomo la estrecha carretera comarcal de piso bacheado que lleva hasta Frailes. Paso entre las moles montañosas de Cornicabra y el alto Marroquí, también conocido como sierra de Rompezapatos. Cruza a toda velocidad, corriendo sobre el asfalto, un grupo de perdices, que no esperaban la presencia de un vehículo silencioso como el mío. Desde la barandilla sobre la cascada fantasma miro las piedras secas del arroyo de las Cabreras, que ojalá este otoño vuelva a discurrir entre saltos de agua y pozas... 

Esto es naturaleza.

Remonto paulatinamente el arroyo y al cruzar el puente afronto la última subida, de poco más de dos kilómetros, hasta el collado de la Martina, punto culminante de la ruta, a 1320 metros de altitud. Paso bajo los tendidos de alta tensión y me lanzo a un descenso rápido, junto al barranco del río Frailes. Mirando el precipicio a mi derecha dejo escapar un grito de felicidad. Trazo las curvas con suavidad, y noto que el paisaje va cambiando a mi alrededor. Las rocas escarpadas y las encinas diseminadas de la sierra van dejando paso a olivares de montaña y viñedos, y a medida que me acerco al valle aparecen algunas huertas, con cerezos secos tras el verano. El sol ha decidido sumarse definitivamente a esta fiesta, y ya brilla en lo alto del cielo, mientras las nubes quedan atrás, sobre la sierra.

Caigo en la cuenta de que en noventa minutos por carretera sólo me he cruzado con un coche. A la entrada de Frailes veo un cruce a la izquierda, que sube a los cortijos de Los Rosales hacia la sierra del Trigo, a más de 1600 metros de altitud. Nunca me he atrevido a coger esa carretera, porque sé que me llevará demasiado tiempo conocerla y no puedo llegar muy tarde a casa. Esta vez voy sobrado de tiempo y de ganas, y me decido a mirar un poco el arranque de la carretera. 

Esto es turismo.

Cuando llevo un par de kilómetros por la vega del río veo las durísimas rampas que se avecinan y decido volver a mi recorrido inicial, para llegar con tiempo de sacar a mis hijas a la feria. Me paro en el avituallamiento líquido de la fuente de Frailes, donde engullo la última barra de cereales. Me quedan 26 kilómetros a meta. El recorrido entre Frailes y Alcalá la Real es pestoso, con mejor asfalto que la carretera de la sierra, pero con bastante tráfico. Me cruzo con algunos ciclistas que me saludan y atravieso Alcalá la Real, bajo la siempre imponente fortaleza árabe de la Mota. Sólo queda la tachuela del puerto del Castillo, que por la cara sur no tiene más que un par de curvas de cierto desnivel. Junto al puerto, la atalaya árabe de la Nava parece que me anima en mis últimos kilómetros. El descenso vertiginoso por buen asfalto a través de las faldas de la Acamuña me lleva a Castillo de Locubín. Atravieso el pueblo y llego hasta la misma línea de meta, situada en la plaza, donde me vuelvo a detener a saborear el agua de la fuente, y miro el reloj. Son casi las 11 de la mañana.

He recorrido 56 kilómetros en 2 horas y 34 minutos (creo que me corresponde el oro, pero no me enviarán un diploma a casa). La organización, perfecta, los avituallamientos en su sitio y la basura, también (en el bolsillo de mi maillot).

Ciclismo, Cicloturismo, Ciclodeporte, Naturaleza, Bicicleta...  sólo sé que he disfrutado de verdad.

...Hoy mi hija Rocío ha ido por primera vez en su vida al colegio, y estoy un poco sensible... 

José Antonio Jiménez
Septiembre de 2005