viernes, 27 de abril de 2012

Brevet de 300 kms de 2012 - Algete

Uno de los clubes ciclistas randonneurs por excelencia, el GDC Pueblo Nuevo, de Madrid, continúa organizando las rutas de ultrafondo de referencia en la zona centro. La Brevet de 300 kms de 2012 se celebra sobre un recorrido de 300 kms, partiendo de Algete en dirección a Alcalá de Henares, para cruzar al valle del Tajuña a través del monte Gurugú, y continuando por Sigüenza y Atienza. Desde este punto, el recorrido vuelve hacia el valle del Henares, pasando por Jadraque y entrando en la provincia de Madrid por El Casar de Talamanca.


Son 300 kms con un desnivel de 2300 metros. El recorrido puede verse en este enlace: http://bikeroutetoaster.com/Course.aspx?course=385780


Y este es el rutómetro previsto:



El calendario es así de caprichoso, el año en que se han batido records de sequía en España, la fecha para la brevet cae en plena borrasca, con unas previsiones meteorológicas horrorosas.




Necesito entrenar, en puertas de mi Proyecto Covadonga (pinchar para ver más información), que será el próximo 19 de Mayo, así que no tengo más remedio que participar en la brevet. Intentaré sobrevivir a la lluvia y, si hace falta, aprenderé a nadar en bicicleta. Espero que por lo menos no me lesione, ya que mis recuerdos de la Brevet de 300 de 2011 son bastante tristes. Estuve arrastrando una tendinitis que convirtió la segunda parte de la ruta en un verdadero infierno.

Cuando termine todo, espero actualizar el blog con una crónica, e intentaré no usar la manoseada palabra "dantesca".

lunes, 2 de abril de 2012

Mi Proyecto Covadonga 2012

Tras el fiasco de la temporada 2011, comienzo la primavera de este año, 2012, con una mochila repleta de ilusión y nuevos proyectos. Ya es hora de ir sacándolos a la luz, y con este post voy a dar un anticipo de lo que será mi próximo reto.

Decía lo del fiasco de 2011, porque después de un comienzo bastante duro en el que estuve entrenando a conciencia pensando en el posible objetivo de la París-Brest-París, la realidad me dio un golpe en forma de tendinitis persistente en mi tendón de Aquiles derecho, que se prolongó durante toda la primavera y me destrozó la temporada.

Entre Enero y Marzo de 2012 he entrenado bastante y me encuentro en condiciones de pensar en una nueva aventura. Como siempre, en la línea de mis últimas actividades, consistirá en dar otro pequeño paso en el ciclismo de fondo. La idea es esta:

Día 1: http://bikeroutetoaster.com/Course.aspx?course=372493 (133 kms, 2210 m de desnivel)
- Sábado 19 de Mayo: participar en la Clásica Lagos de Covadonga, en Cangas de Onís.

Día 2: http://bikeroutetoaster.com/Course.aspx?course=219210 (210 kms, 2200 m  de desnivel)
- Domingo 20 de Mayo: salir de Cangas hacia la meseta castellana, a través del puerto del Pontón, para finalizar la etapa en Torquemada (Palencia).

Día 3: http://bikeroutetoaster.com/Course.aspx?course=219211 (247 kms, 3075 m  de desnivel)
- Lunes 21 de Mayo: Salir de Torquemada hasta Madrid, atravesando la Sierra de Guadarrama por Navafría y Canencia sucesivamente.

En total, 600 kms con más de 7500 metros de desnivel, en tres días, sin medios de apoyo y en solitario. Iré actualizando mi aventura a través de twitter y este blog cuando sea posible.

Además, estoy planeando que esta iniciativa tenga algún impacto y me sirva de estímulo, mediante mi compromiso personal y el de otros que se sientan interesados. Este compromiso consistiría en una donación personal de un euro por cada cinco kilómetros de recorrido a lo largo de mi reto, que serían destinados al final de la aventura a una ONG, que estoy valorando. En total, yo aportaría 120 euros, y quienes quisieran sumarse al reto, podrían optar por la modalidad básica, aportando 1 euro por cada 20 kms, lo que haría un total de 30 euros de aportación por cada voluntario, si consigo finalizar la aventura.

Esta idea no es nada original. La he copiado literalmente de la verdadera aventura que mi amigo Javier Arias (http://unbiciorejon.blogspot.co.uk/) ( pudo completar la pasada temporada, cuando terminó la París-Brest-París y pudo aportar casi 2000 libras para la lucha contra el cáncer (http://www.justgiving.com/javier-paris-brest-paris/eurl.axd/8e4bbcf1984f3b4885b1721578670c7b). Creo que es una iniciativa muy positiva y espero que Javier no se enfade por copiar su idea. 


La web para la recaudación de fondos es esta: http://www.migranodearena.org/jose-antoniojimenez1

Os iré informando...

domingo, 25 de marzo de 2012

Brevet de Algete 2012. De autobús en autobús.

Sábado 24 de Marzo de 2012. Para mí, la primera brevet de la temporada, ya que no pude estar en la de Vicálvaro, que se celebró hace un par de semanas. Como suele ocurrir en las de 200 kilómetros, todo tipo de ciclistas se dieron cita en el polideportivo de Algete a las 8:00 h. Al contrario que en las brevets de mayor distancia, la mayoría eran "carreristas", ciclistas bien equipados y uniformados, con atuendo deportivo, mientras que los clásicos randonneurs, con transportines o bolsas delanteras, luces y ropa más discreta, estaban en plena minoría.

A diferencia de los años anteriores, esta vez el recorrido de la brevet se hacía en sentido contrario a las agujas del reloj. A la postre, creo que este sentido resultó más duro que el anterior, pero la idea de pasar por el entorno industrial de Alcalá de Henares y la transitada carretera del Gurugú por la mañana, en lugar de la tarde, me pareció muy buena. La marcha resultó más segura, y la llegada a Algete mucho más tranquila. 

La alta afluencia obligó a los organizadores del club Pueblo Nuevo a separarnos para salir en grupos de 50 ciclistas. Eduardo y Roberto, con sus reclinadas, salieron conmigo entre los primeros. El resto del Pakefte no acudió a la cita. En vista del tipo de recorrido y de la compañía que tenía, ya veía que sólo tenía dos opciones: tratar de seguir el ritmo demasiado alto de las reclinadas, o pedalear solo la mayor parte de la ruta.

En Cobeña nos encontramos en la cabeza del grupo Roberto y yo. Al llegar a un semáforo en rojo, tal como solemos hacer, nos detuvimos. Los de atrás, sorprendidos, dejaron caer bromas de todo tipo. Desde luego, la situación era poco común para la mayoría, todo un grupo de ciclistas parado ante un semáforo, ese dispositivo que, por desgracia, parece invisible para muchos ciclistas urbanos y deportivos, como si las normas de tráfico se pudieran interpretar a nuestra conveniencia. Aunque entiendo que en determinados casos el hecho respetar los semáforos puede ocasionarnos molestias, e incluso a veces pueda llegar a ser peligroso para nosotros mismos, creo que los ciclistas no podemos actuar de forma arbitraria y debemos cumplir las normas para dar ejemplo al resto de conductores.

Me encontré con uno de los más famosos ciclistas del mundillo del ultrafondo, José María Benayas, con quien fui charlando un buen rato.

Al pasar Alcalá de Henares se formó un grupo muy numeroso, de más de 50 ciclistas, con el que subimos el Gurugú a un ritmo muy alto, demasiado para mí, que de tanto rodar en solitario últimamente, ya no estoy acostumbrado a las altas velocidades de las salidas de los clubes. A ratos estaba a punto de perder contacto con el grupo. Llegué al alto en las últimas posiciones. Dudé si quedarme atrás con los de las reclinadas, que en ese momento iban más lentos, pero sabía que no tendrían problemas en alcanzarnos, así que me dejé llevar. Me incorporé al grupo donde iban varios antiguos compañeros del club Hortaleza. Por detrás llegó Roberto.

En la zona de subida entre Santorcaz y Pozo de Guadalajara, donde los repechos se sucedían, el grupo se fue fragmentando por delante; cada vez rodaba con menos ciclistas alrededor, hasta que me di cuenta de que circulaba en solitario. De todas formas, el ritmo del grupo me había parecido muy alto, así que me tomé la bajada a Aranzueque con más tranquilidad. Ahí coincidí con otro par de ciclistas solitarios, con los que fui hablando algunos kilómetros. Uno de ellos resultó ser un randonneur muy experimentado y conocido en el mundillo, Manuel Morente. Al pasar Aranzueque volvimos a encontrarnos con los reclinados, Roberto y Eduardo. Así conformamos un grupito de cinco en el que predominaba la estética randonneur: dos bicicletas con bolsas delanteras y dos reclinadas, pero Roberto y Eduardo terminaron imponiendo su aerodinámica y se fueron por delante.

El valle del Tajuña, cuando se ha recorrido muchas veces en ambos sentidos, se hace bastante pesado y monótono. Me gusta más en sentido sur. Esta vez, de sur a norte, nos quedaba un buen puñado de kilómetros para rodar entre Armuña de Tajuña y Brihuega, con viento ligeramente favorable. La velocidad media fue subiendo poco a poco.

Nos adelantó el famoso Fran Vacas, que este año ha cambiado su bici aerodinámica por una reclinada; a corta distancia le seguía un grupo comandado por varios ciclistas del Bosch, bien organizados en relevos, con los que iba un antiguo compañero, José María Flores. Parece ser que se habían confundido y perdido bastante tiempo en Alcalá, junto con Fran Vacas, que por eso iba tan retrasado para lo que acostumbra. Este era un grupo bueno, hice el esfuerzo de incorporarme a cola y no me arrepentí. Al poco tiempo ya estaba rodando con ellos a gran velocidad, dejándome llevar. Alcanzamos a Roberto y Eduardo. El grupo fue creciendo en número; la velocidad media acumulada hasta ese momento se acercaba a los 30 km/h. Unos cien metros por delante rodaba Fran Vacas, a la misma velocidad que nosotros. Este era el "autobús" bueno para llegar a Brihuega, donde comenzaría la segunda fase de la prueba.

Brihuega, kilómetro 95. Paramos a sellar y comer algo en una terraza en el parque. Los reclinados se fueron por delante y yo comencé a pedalear en solitario en dirección a Jadraque. El viento empezaba a molestar un poco, sin el cobijo de un pelotón que me arropara. A lo lejos se veía la mancha roja del CC Moratalaz, un grupo muy bien organizado y solidario con los suyos. Me di cuenta de que podían ser buenos compañeros de viaje, así que me esforcé para acercarme a ellos y lo conseguí a la altura del puente sobre la A-2. Según llegué al grupo me vi metido en sus relevos, circulares y rápidos, que permitían avanzar con facilidad.







Con la subida a Miralrío el grupo se fue disgregando. Aproveché para hacer algunas fotos y subí a mi ritmo. Al llegar a Jadraque por la cara sur, el castillo no se divisa a lo lejos, sino que aparece después de coronar un collado. Al fondo, el valle del Henares, una vista preciosa ante mis ojos.




En Jadraque, km. 123, paré en una gasolinera para poner el último sello de control. Salí de Jadraque en solitario. Paré para hacer unas fotos del Henares y el grupo del Moratalaz se fue por delante. Venían unos kilómetros bastante pesados, de toboganes y subidas, con recodos en los que hacía acto de presencia el viento, que soplaba desde el Sur o Suroeste.



Los de Moratalaz iban por delante. Me mantenía a cierta distancia, rodando sin forzar, porque sabía que venía un terreno de subidas, donde el grupo era menos determinante. Al pasar Espinosa de Henares comencé a ganar altura rápidamente; de repente me gustó la vista de la ermita de Fuencemillán con su zona verde alrededor, así que me detuve a hacer unas fotos y comer algo. Esta ermita siempre me había llamado la atención cuando pasábamos por este punto en las anteriores brevets, que se hacían en sentido inverso, pero nunca me había detenido en ella, porque siempre nos pillaba cuesta abajo y a primera hora de la mañana, con pocas ganas de detenerse. En este caso, con una buena parte de la ruta ya realizada y en las horas centrales del día, el entorno invitaba a quedarse allí un rato.


Proseguí mi ruta, ya completamente en solitario, con la bonita bajada al río Sorbe, que llevaba poca agua, pero presentaba un color azul turquesa espectacular. Esta vez no me detuve a hacer fotos.

Al alcanzar la rotonda de Puebla de Beleña comenzaba la recta final de la prueba, pero el viento se incorporó definitivamente a la ruta, soplando desde el sur y resultando molesto a ratos. Yo había comido poco y empecé a notar que no pedaleaba con fluidez. Al desviarme hacia Villaseca de Uceda, en dirección sur, el viento se volvió mucho más molesto. Mi velocidad media comenzaba a bajar poco a poco. Me detuve en una fuente y llegaron varios ciclistas, entre ellos un ultrafondista típico, con dorsal de la París-Brest-París, y varios del Pueblo Nuevo. Salí en dirección a El Casar, mientras ellos se quedaron un rato más en Villaseca, pero salieron pronto y me alcanzaron rápidamente. Uno de los del Pueblo Nuevo tomó el mando y comenzó a rodar frenéticamente, llevándonos en volandas hasta El Casar. Era el tercer "autobús" de la jornada, y me ayudó a afrontar dignamente los últimos kilómetros. Sin embargo, ya iba bastante cansado y no pude aguantar el ritmo por mucho tiempo. Me quedé solo en el tramo final hacia Alalpardo. Mi GPS también decidió dimitir y se quedó sin batería. Con sensación de pesadez y cansancio llegué finalmente a Algete sobre las 16:30 h, con un tiempo neto de 7 horas y 52 minutos, más unos cuarenta minutos de paradas. La velocidad media de 26 km/h me pareció muy satisfactoria, pero un poco engañosa, por la gran diferencia en el ritmo de la primera parte de la prueba y el de la segunda. Desde luego, la compañía de un buen grupo es determinante en la velocidad media final, pero también me apetecía rodar en solitario y valerme por mí mismo, de cara a futuros retos.


Según mi GPS, salieron más de 2100 metros de desnivel acumulado en 207 kms.

Lo que sí eché mucho de menos fue la compañía de mis tradicionales amigos del Pakefte (http://pakefte.blogspot.com), que esta vez decidieron no participar en la brevet, supongo que muchos de ellos por la saturación de ultrafondo que vivieron el año pasado. Sólo se presentó Roberto, con quien las circunstancias del recorrido no me permitieron compartir muchos kilómetros.



viernes, 24 de febrero de 2012

El Ciclista, de Tim Krabbé

"Uno tiene poca conciencia encima de una bicicleta. Cuanto mayor es el esfuerzo que hace, menos conciencia tiene. Cualquier pensamiento incipiente se te antoja una verdad absoluta, cada suceso inesperado es algo que siempre has sabido aunque lo hubieras olvidado temporalmente. La frase machacona de alguna canción, una división que empiezas de cero una y otra vez, la furia magnificada que sientes contra alguien, bastan para llenar tus pensamientos."

¿Quién, que haya pedaleado en largos y solitarios entrenamientos en bicicleta, no comprende lo que quiere decir Krabbé en este párrafo? En el marco de una carrera ciclista de 137 kilómetros, en la que participan poco más de 50 ciclistas, Tim Krabbé nos deja profundizar en sus pensamientos y nos regala lúcidas reflexiones, cargadas de intensidad emocional, salpicadas de recuerdos y aprendizajes recibidos en diversos momentos de su vida. Los continuos saltos temporales y las anécdotas que salpican el libro lo convierten en una lectura ágil, divertida y genial por momentos. Con gran pragmatismo, el autor es capaz de interpretar los estereotipos del ciclismo, desmitificándolo y apartándose de la corriente idealizadora, que ve a los ciclistas como superhombres. En el seno del pelotón, como en la sociedad, se establecen reglas y conductas muy particulares, que el autor se permite analizar y cuestionar. Salen a relucir las pasiones y las miserias, incluso las del propio protagonista que, en un acto de impudor casi exhibicionista, nos revela con gran acidez. 

La sensación de perder la rueda del grupo, quedándose descolgado irremisiblemente mientras los rivales se alejan en la distancia, es como la de llegar al andén de la estación cuando el tren ya está en marcha... La locomotora se aleja silbando y a nuestro alrededor sólo queda el vacío: "Cuando un corredor de atletismo desfallece, su voluntad se encarga de que suceda después de cruzar la línea de meta. Así ha sido siempre desde la batalla de Maratón. El corredor de fondo tiene la ventaja de contar con una línea de meta que no va más lejos cuando él ya no puede más, mientras que yo, el ciclista, tenía que enfrentarme a una línea de meta que se aprovechaba de mi indefensión para escaparse. Por otra parte, yo tenía la ventaja de que me bastaba con seguir unido a mi conciencia por un hilillo para no caerme y seguir rodando".

Pero lejos de dejarse abatir por el pesimismo, el autor nos incita a rebelarnos, dando vía libre a nuestros impulsos por el mero placer de transgredir la lógica. En un deporte donde el conservadurismo triunfa, donde todos regulan, guardan fuerzas y disimulan para aprovecharse del trabajo de los demás, se produce un momento mágico. Varios ciclistas inician una fuga casi al comienzo de la carrera, con ataques que están inevitablemente condenados al fracaso. Son corredores sin ninguna posibilidad, que quieren aprovechar ese momento en que aún tienen fuerzas para obtener una efímera fama y que sus nombres sean pronunciados por alguien, antes de que su suicidio deportivo deje paso al protagonismo de los verdaderos líderes de la carrera: "Entonces sucede algo más descabellado aún. ¡Yo también ataco! Mi razón no tiene más remedio que ir a remolque, como un niño de diez años sobre un caballo desbocado. Me levanto del sillín y tras cinco pedaladas me pongo a toda velocidad, el oxígeno grita "¡Hurra!" hasta el último vaso sanguíneo de mi cuerpo, rebaso al pelotón , al primer corredor y salgo al espacio. A mi espalda gritan "¡oé, oé, oé!". Delante tengo a Sauveplane. Sin tocar el cambio, sobre la punta del sillín, el torso a unos diez grados del cuadro, lo alcanzo. Es como si no hubiese tenido tiempo de respirar siquiera. Dejo de pedalear para situarme justo detrás de su rueda y siento una risa tonta que estalla en los pulmones y en las pantorrillas."

El libro "El Ciclista", de Tim Krabbé, es una lectura más que recomendable.

Tim Krabbé es ciclista y ajedrecista porque el destino puso un tablero y una bicicleta en su camino, como podría haber sido cualquier otra cosa. Como nos dice él mismo: "Imagínense que Bahamontes hubiera nacido en Amsterdan. Quizá se habría dedicado a limpiar cristales". 

martes, 6 de diciembre de 2011

¿Y por qué dices que no puedes ir en bici al trabajo?

Para hacer algo es imprescindible querer hacerlo. Sin embargo, lo fácil es pensar en las dificultades que nos plantea nuestro objetivo, los escollos que encontraremos y las razones para decir "no". 

Que te cambien el centro de trabajo y te lo alejen a más de 30 kilómetros de casa no es plato de gusto. La primera impresión cuando te llega la noticia es de frustración, de desazón ante el gran cambio que se viene encima. Sobre todo cuando uno lleva casi quince años desplazándose al trabajo a pie. 

Aunque no lo parezca, en una gran ciudad como Madrid es posible este pequeño milagro; soy de los afortunados que siempre han podido moverse caminando, haciendo compatible el acompañar a mis hijas al colegio con un desplazamiento cotidiano de apenas 30 minutos hasta mi oficina. Y no sólo en mi actual empresa. También mis anteriores centros de trabajo (tres empresas antes de la actual) se encontraban a un radio de desplazamiento razonable, entre 15 y 40 minutos a pie. También iba en muchas ocasiones en bicicleta, con lo que el desplazamiento se quedaba en apenas diez minutos. 

Incluso para desplazamientos de este estilo hay personas que no saben hacerlos de otra forma que no sea en coche privado. Esta sociedad está montada sobre una serie de pilares que muy pocos se atreven a cuestionar; la preeminencia del coche privado y el derecho de cada cual a usarlo a su antojo es algo que jamás se discute. Más allá de consideraciones sociales en las que podría extenderme, como la valoración del daño que ocasionamos con nuestros coches en forma de contaminación, ruido y atascos, siempre me ha movido un interés mucho más egoísta, el simple objetivo de encontrarme bien conmigo mismo, y en ello, el desplazamiento cotidiano tiene una especial importancia. Hacer algún tipo de actividad física por la mañana, aunque sea simplemente caminar, es la mejor forma de sentir aire fresco, limpiar la mente y ordenar las ideas para comenzar el día, aparte de ser un innegable beneficio para nuestro bienestar físico. 

De repente, como decía, mi oficina pasó a estar en el otro extremo de la ciudad, casi a media provincia de distancia. A partir de una fecha concreta tendría que afrontar la nueva realidad, con un desplazamiento de más de 30 kilómetros, que nadie puede imaginar que pueda realizarse de otra forma que no sea el vehículo privado. 

Las expectativas, desde luego, no eran halagüeñas. Los primeros días desplazándome a las nuevas oficinas experimenté varias alternativas, ninguna de ellas plenamente satisfactoria, por la especial complejidad que suponía la ubicación de la empresa y la de mi vivienda:

 - En coche tenía que tomar la M-30 en un tramo de gran densidad hasta el túnel de Pío XII, para seguir por Sinesio Delgado y la A-6 (autopista de La Coruña). En total me llevaba unos 45 minutos de ida, y un gasto medio estimado de más de 6 euros diarios en combustible.

 - En Metro me suponía un largo trayecto de 40 minutos hasta la estación de Chamartín, más un tiempo de espera hasta la llegada de mi tren, seguido de un trayecto de 25 minutos en tren y finalmente una pequeña caminata desde la estación hasta mi empresa, unos 10 minutos a pie. En total, más de una hora y cuarto, con un coste de 5,40 euros diarios.

 - La opción de acercarme en autobús hasta Nuevos Ministerios para tomar allí el tren tampoco era muy atractiva, porque el trayecto por calles atascadas era aún más lento y variable, con el mismo coste económico que el Metro.

 - Pensar en hacer más de 30 kilómetros en bici, y otros tantos de vuelta, no parece razonable para ir a trabajar, por las circunstancias adicionales que supone, el hecho de llegar "sudado" al trabajo, etc... Desde el principio lo descarté.

 Vistas las alternativas que había, empecé a ir en coche al trabajo. Pero cada día me gusta menos conducir. La agresividad de los demás usuarios me agobia. La falta de respeto a los límites de velocidad, los súbitos cambios de carril, las prisas y la presión de algunos me hace sentirme torpe, por no hablar del riesgo cotidiano que todos asumimos como si fuera algo natural, pero que realmente no valoramos lo suficiente.

 Un día, animado por mis buenos amigos de Pedalibre, me planteé la opción de ir en bicicleta y tren de cercanías. De esta forma, el desplazamiento hasta la estación de tren se simplificaba mucho, evitando el metro o el autobús, y el trayecto desde la estación de tren hasta mi empresa era de apenas tres minutos cuesta abajo. En total, conseguí llegar a la oficina en 50 minutos (quizá 5 ó 10 minutos más que en coche), a un coste significativamente más bajo, de 1,30 euros por trayecto.


La experiencia fue gratificante. Hacía tiempo que no tenía tiempo de leer libros, y de repente volví a la lectura, motivado por el trayecto de tren, aunque fuera breve. Mis compañeros de trabajo me miraban con perplejidad. Alguien me llegó a decir aquello de "...claro, es que tú sí puedes, pero yo no..." y de repente se callaba al darse cuenta de que su vivienda estaba muy cerca de una de las estaciones de tren por las que yo pasaba, es decir, si él se decidiera por la misma opción, ¡¡tardaría la mitad que yo en desplazarse!! Pero es que la gente sólo ve lo que quiere ver.

Sin embargo, la verdadera motivación que rondaba mi cabeza desde hacía tiempo no era el mero desplazamiento al trabajo, sino una forma de mantener una cierta actividad física, y más concretamente orientada a hacer algo de bici entre semana, sin tener que esperar al fin de semana para entrenar. Una vez que hube asimilado el desplazamiento en bici y tren como algo normal, di un paso más y me llevé algo de equipamiento (casco, que no suelo usar cuando sólo pedaleo por ciudad, ropa de ciclismo para ir más cómodo, zapatillas, etc..), para hacer todo el trayecto de vuelta a casa en bicicleta, prescindiendo del tren.

La cosa no era nada sencilla, en una zona periférica pero masificada, dominada por grandes autopistas, cotos cerrados al tránsito como el Palacio de la Zarzuela y millonarias macrourbanizaciones cerradas por grandes vallas. Circular en bici por la A-6 era una empresa bastante arriesgada y lo quise evitar a toda costa. Después de varias rutas experimentales, conseguí encontrar la mejor forma de enlazar los pueblos de Las Rozas, Majadahonda y Aravaca por calles razonablemente ciclables, para entrar en Madrid por la Casa de Campo. Una vez depurada la ruta, vengo realizándola bastantes días, al menos uno o dos a la semana. Me supone un desplazamiento de unos 90 minutos (es decir, sólo "gasto" 45 minutos más que en coche, pero los invierto en entrenamiento), lo cual me permite mantenerme en forma y me sale muy, pero que muy barato.


Este es el resultado:

  

Estos son algunos de mis tracks en Endomondo (sólo de los días que enciendo el teléfono móvil para registrarlo):


Como suelen decir en mi empresa, la adversidad crea nuevas oportunidades, y en mi caso el hecho de desplazarme en bici es un aliciente más, con el que voy más motivado al trabajo.

¿Y tú, no lo has pensado?



miércoles, 26 de octubre de 2011

Viaje finalizado

Con pequeños cambios sobre la planificación inicial, hemos podido cumplir nuestro plan de una manera bastante razonable. Han sido más de 5700 metros de desnivel acumulado en unos 520 kilómetros en total.


Siete etapas de un otoño suave, en las que hemos disfrutado como niños de la libertad que da el cicloturismo auténtico, pernoctando en los albergues del camino, conversando con otros caminantes y ciclistas, compartiendo ruta con todo tipo de personas y aprendiendo mucho de cada uno.

Y como no es lo mismo contarlo que vivirlo, en lugar de escribir una larga crónica, hemos querido reflejar nuestra experiencia en este [largo] vídeo...

viernes, 14 de octubre de 2011

Buscando el silencio. El Camino de Santiago por la Vía de la Plata

Más allá de manoseados titulares, como "Viaje interior", lo que nos proponemos iniciar mañana mi amigo Fernando y yo, es algo que no sabemos definir muy bien, pero de repente ha surgido como una necesidad imperiosa y se han dado las circunstancias propicias para ello, así que nos hemos lanzado a la aventura.

Apenas hace unas semanas, Fernando me propuso hacer el camino de Santiago empezando por la Vía de la Plata en Salamanca. La idea era hacer 6 ó 7 etapas parando en albergues. Parecía que estaba de broma, pero me lo contó con tanta seguridad que me contagió el entusiasmo por la aventura, arreglé unos asuntillos pendientes y le dije que contara conmigo.

Nunca he hecho una ruta en bici de varios días. Tengo los medios más o menos preparados, buena bici y un entrenamiento decente para soportar el camino, pero creo que vamos a hacer unos 500 kilómetros en total y eso no es ninguna tontería. Así, de repente, me voy a convertir en peregrino. Quién lo diría...





Después de leer algunas ideas sobre el camino y asistir a la charla que dan los Amigos del Camino de Santiago en el Centro Gallego de Madrid, nos hemos hecho una idea aproximada de cómo debe ser la aventura. Hemos decidido cumplir a rajatabla estos cinco mandamientos (como son cinco, será un "pentálogo"):
  1. Llevar poco equipaje. Más vale llevar un hueco donde meter algo o comprar lo que se necesite que arrepentirse toda la ruta por tener que arrastrar cosas innecesarias.
  2. Tranquilidad, las cosas tienen importancia relativa. Si no nos gusta el sitio donde pensábamos parar, seguimos hasta el siguiente. Comer donde nos dé habre. Dormir donde nos dé sueño. El teléfono, apagado el máximo tiempo posible.
  3. Buen humor. Vamos a tomarnos las cosas como vengan. Enfadarse por algo sólo contribuye a crear más tensión, no a resolver los problemas.
  4. Respeto. Cada persona ha de tener su espacio, todas las opiniones son válidas y en cada una de las decisiones hay que considerar al otro.
  5. Los sentidos, bien abiertos. No hay que dejar escapar ni una luz, ni un sonido, ni un olor. Percibir todo lo que nos rodea y disfrutar del momento. Compartir las sensaciones con los otros peregrinos. Sólo así alcanzaremos a entender el sentido de este viaje.

Las fechas seleccionadas son entre el 15 y el 21 de Octubre. Después de un largo e inacabable verano, parece que hemos elegido la semana de transición, en la que acabará el calor y la sequía, y comenzarán las lluvias. Pillaremos un poco de todo, es lo que toca en esta ruta. El camino de Santiago sin lluvia seguramente no sería lo mismo. Sufriremos, pero bueno, para eso están nuestros "mandamientos". En momentos de flaqueza habrá que releer nuestro "pentálogo" y seguir adelante.

Realmente vamos con la mente abierta, no sabemos muy bien qué es lo que nos motiva, creemos que cuando lleguemos a Santiago lo habremos entendido, aunque no sé si sabremos explicarlo.

Este es el desglose previo de la ruta, aunque sólo es un esquema que nos sentiremos libres de modificar en cualquier momento:



ETAPA 1: SALAMANCA - ZAMORA (67 kms) - Día 15/10 (Sábado)




ETAPA 2: ZAMORA - ALIJA (89 kms) - Día 16/10 (Domingo)




ETAPA 3: ALIJA – RABANAL DEL CAMINO (69,4 kms) - Día 17/10 (Lunes)




ETAPA 4: RABANAL DEL CAMINO – VILLAFRANCA DEL BIERZO - 57 kms - Día 18/10 (Martes)




ETAPA 5: VILLAFRANCA DEL BIERZO – SARRIA - 78,9 kms - Día 19/10 (Miércoles)




ETAPA 6: SARRIA – ARZUA - 77,3 kms - Día 20/10 (Jueves)




ETAPA 7: ARZUA – SANTIAGO - 39 kms - Día 21/10 (Viernes)




No sé si podremos ir actualizando algo durante la ruta, posiblemente haremos algo a través de Twitter (http://twitter.com/#!/jj99211 @jj99211), pero no es seguro. A la vuelta contaré mis impresiones...