viernes, 27 de mayo de 2011

Vídeo explicativo de la DGT sobre normas de conducción y ciclistas

martes, 26 de abril de 2011

REVISTA CERO - Randonneurs españoles

Me ha llegado esta revista sobre randonneurs y me piden que le dé difusión, así que la cuelgo en este mismo blog, que no es mal sitio...

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domingo, 10 de abril de 2011

Frío, calor, dolor... la Brevet 300 de Algete 2011.


Era mi única oportunidad para conseguir la homologación de 300 kms esta temporada. Un leve dolor en mi tendón de Aquiles derecho me tenía algo preocupado, pero creía que no sería mayor problema. Sin embargo, 300 kilómetros son muchos, quizá demasiados.

En la línea de salida de Algete, como siempre, a las seis de la madrugada estábamos los habituales; unos 60 ciclistas, la mayoría expertos en rutas de ultrafondo. Se preveía una jornada larga y calurosa, como así fue. Sin embargo, a estas horas de la madrugada corría una brisa fresca que aconsejaba empezar con manga larga.

Roberto y Eduardo, con las reclinadas, decidieron intentar hacer la ruta a un ritmo superior al nuestro, y se marcharon por delante desde el comienzo. Eduardo y Antonio tenían intención de hacer doblete, con el 200 de Salamanca el domingo, así que se lo tomarían con calma. Agustín, como es habitual en él, sin prisa alguna. Y yo, un poco renqueante, prefería ir tranquilito. Así conformamos el grueso del Pakefte los cuatro ciclistas que haríamos toda la ruta juntos.

Hasta el amanecer el tiempo pasó rápido. Recordé sensaciones de años pasados.  El excitante pedaleo nocturno, el reguero de luces rojas, los destellos de los reflectantes, la incipiente luz del amanecer a nuestra derecha, la Sierra Norte de Guadalajara a la izquierda... y el frío, que a las horas del alba siempre se vuelve especialmente duro y penetrante por estas tierras castellanas (al menos para mí).


Esta foto es del otro Eduardo, sacado desde atrás por Roberto:


Casi todo era igual, excepto la presencia de algunos de mis compañeros, ya que esta vez éramos muchos menos que en otras ocasiones. Seguramente porque la brevet de 300 tiene dos ingredientes que la hacen especialmente desagradable: la "carretera del éxtasis" (los últimos 15 kilómetros antes de Sigüenza),  con un asfalto indigno del siglo en que vivimos, y la llegada a meta atravesando la ciudad de Alcalá de Henares y diversos pueblos vecinos, por carreteras siempre atestadas de tráfico y poco amables para los ciclistas. No obstante, los cuatro ciclistas vestidos de azul "pakefte" representamos dignamente a nuestro grupo, marcando una velocidad bastante constante y siempre muy cerca de las últimas posiciones del grupo, nuestro sitio natural en estas lides. 



Durante muchos kilómetros fuimos jugueteando con el grueso del grupo de Pueblo Nuevo, ciclistas también tranquilos y veteranos. Esta vez la nota musical fue de Agus, que lo mismo ponía a Paco Ibáñez que a Tahures Zurdos, pasando por diversidad de bandas sonoras, música clásica y un poco de flamenco. Para todos los gustos. Llegamos a la conclusión de que la música nos estimulaba en las subidas, pero no me quedó claro si para ir más deprisa o más despacio...

La salida del sol fue el momento que inspiró una de las conversaciones más interesantes del día. Me dio por recordar la teoría de las tormentas solares que supuestamente afectarán al planeta durante el año 2012, y que podrían suponer serios daños para la vida tecnológica tal como la conocemos. Mis compañeros no habían oído hablar de esto, así que se lo comenté someramente, con la promesa de explicárselo mejor mediante enlaces periodísticos o científicos más detallados. Pues bien, ahí van algunos:



Los kilómetros pasaban, y el sol se elevaba despacio hacia el cénit, así que mis compañeros llegaron a la conclusión de que, en cualquier caso, lo mejor era terminar las brevets para poder hacer la París-Brest-París este año, por si acaso en 2016 no se celebrara...


Paramos lo justo y necesario en el primer control de Jadraque, junto con los de Pueblo Nuevo, y continuamos la marcha hacia Atienza, según Antonio el punto más alto de la ruta. Como si después no hubiera que subir más. Craso error.

Poco después del control la temperatura subía, y aproveché el comienzo de uno de los mini puertos para pasar a la manga corta.

En el camino a Atienza nos cruzamos con Roberto y Eduardo, que ya volvían del bucle con sus espectaculares bicicletas reclinadas. Creíamos que nos habían sacado más distancia, pero no era así. Claro que quedaba mucho día, al final llegaron más de dos horas por delante de nosotros.

La parada en Atienza, en la gasolinera, fue bastante breve. Cocacola de máquina y acto seguido a la fuente a repostar.

En el camino a Sigüenza, a partir del kilómetro 100, empecé a notar molestias en el tobillo, que se hacían más intensas progresivamente. Los baches de Sigüenza se me clavaban como cuchillos. La temperatura estaba ascendiendo considerablemente  y el calor empezaba a hacer mella, incrementando el dolor de forma alarmante. 


Esta vez la carretera estaba pintada con una línea discontinua amarilla, como si estuviera en obras, pero seguía botando igual. La subida hasta el collado desde donde se divisaba Sigüenza me fue haciendo descolgarme poco a poco, y llegué bastante mal al pueblo. Me pilló la barrera del paso a nivel y eso me retrasó unos minutos más, lo cual hizo a Agustín volver a buscarme. Me encontró.


El descanso en el parque de Sigüenza fue reparador. La comida y la bebida siempre hacen milagros, pero esta vez hubo un milagro añadido, la pomada "Radiosalil", que me dejó amablemente Antonio, y que hizo desaparecer en gran medida mi dolor de tendón.


Mis compañeros me hicieron observar que quizá llevaba el sillín muy alto, ya que oscilaba mucho al pedalear. Pero lo que me ocurría es que llevaba el pie rígido, para no extenderlo y así evitar que el dolor se incrementara. 

Seguimos pedaleando por terrenos conocidos, con algunas pendientes importantes como la salida de Sigüenza o el puerto de Mirabueno. Desgraciadamente este año no había que pasar por Las Inviernas, donde siempre parábamos en una espectacular fuente de agua fresca. En su lugar, tomamos rumbo a Masegoso de Tajuña y paramos en un bar algo desarbolado. Allí el calor era espectacular, de pleno verano. Todos, incluidos los del Pueblo nuevo, que llegaron casi al mismo tiempo, compramos botellas de agua de 1,5 l. Casi acabamos con las existencias de agua del bar.

El terreno desde Masegoso era favorable. El año pasado rodamos por el valle del Tajuña a un ritmo endiablado, haciendo más de sesenta kilómetros en dos horas. Pero esta vez el viento soplaba en contra y mis fuerzas estaban bastante mermadas. Agustín propuso luchar contra el viento haciendo relevos de un kilómetro. Yo no me veía en condiciones, y les pedí que me dejaran ir a cola. Eduardo hizo un gesto inmediatamente que interpreté como "ponte a mi rueda y a callar". Así lo hice. Durante veinte kilómetros fui cómodamente adosado al grupo, en silencio, mientras ellos hacían todo el trabajo. Esto me permitió recuperarme y a la altura de Valfermoso ya me sentía un poco mejor, con capacidad para ayudar, así que empecé a entrar en los relevos, aunque algo más cortos que los de ellos. Cómo se notaba, apenas superábamos los 26 ó 27 km/h, pero entre todos se llevaba mejor.


Pasamos la espectacular sede de los Hare Krishna y seguimos descendiendo por el valle hasta Armuña de Tajuña, en cuya plaza nos refrescamos y comimos un poco. Yo me permití subirme a la fuente para sumergir mis pies en agua fresca. ¡Qué descanso!
En Aranzueque comienza la última subida importante, hasta Pozo de Guadalajara. Ahí directamente me quedé descolgado y fui subiendo como pude, sabiendo que estábamos cada vez más cerca de meta. Pero no iba bien. Un gel me permitió recuperarme un poco y acabé la subida dignamente.

A falta de treinta kilómetros a meta, Eduardo dijo que tenía hambre y todos celebramos la idea de parar a cenar, aunque nos retrasáramos en la llegada. Es más importante llegar que llegar pronto. Nos entretuvimos más de lo deseable, pero retomamos la marcha mucho más fuertes, ahora con luces y reflectantes. 

A partir de Daganzo la cercanía de la meta nos hizo sacar fuerzas de flaqueza, comandados por un Eduardo pletórico, escoltado por Antonio y Agustín, que subían a toda máquina mientras yo sufría y juraba en hebreo, pegado a duras penas a alguna de sus ruedas. Pero no estaba dispuesto a quedarme atrás, de noche por esas carreteras...

Al final llegamos a Algete casi a las 10 de la noche. Mi segundo 300, mucho más duro que el anterior, y con un montón de aprendizajes para mi incipiente carrera de randonneur...

Al final, según mi GPS, han salido 301 kms con 3100 metros de desnivel acumulado, a 22,6 km/h de velocidad media y más de 10500 calorías consumidas.



Epílogo:

Quiero pedir disculpas a mis compañeros por haber sido algo imprudente al afrontar la prueba sin estar en condiciones físicas adecuadas, ya que de haberme lesionado realmente, los hubiera puesto en un compromiso delicado. Y por supuesto, estoy satisfecho de haber sabido aceptar y agradecer su gesto desprendido, tirando de mí en el Tajuña, lo cual tiene un valor especial porque tradicionalmente ese es mi mejor terreno y es donde ellos hubieran esperado mi ayuda.

Cuando llegué me puse una bolsa de hielo en el pie y llevo un día con antiinflamatorios. Hoy me encuentro bastante mejor, apenas sin dolor. Espero recuperarme y que las conjunciones astrales me permitan participar en el 400 dentro de un mes.


Ver todas las fotos en este enlace:
https://picasaweb.google.com/jj99211/20110409Brevet300?authkey=Gv1sRgCJHCpt7JwqzvEg#

miércoles, 6 de abril de 2011

Preparando la brevet de 300 de Algete

Por segunda vez en mi vida voy a enfrentarme a una brevet de 300 kilómetros. Igual que el año pasado, saldremos de Algete el sábado 9 de Abril a las 6 h para seguir una ruta por el noreste de Madrid y Guadalajara, llegando hasta Atienza, con regreso por Siguenza y el valle del Tajuña hasta Madrid.




Espero poder enviar mensajitos a twitter y facebook desde los puntos de control. Nos tomaremos la ruta con tranquilidad, seguramente a una media inferior a 22 km/h, y no esperamos llegar al final antes de las 21 h.


lunes, 21 de febrero de 2011

Filosofía en bicicleta


La primera brevet de la temporada es el reencuentro con la estimulante sensación del "directo", el recuerdo de lo que fueron temporadas pasadas y el volver a sentirse ciclista, en la modalidad que más me apasiona en estos últimos tiempos, que es la larga distancia. Haber finalizado otras brevets en el pasado no es un punto despreciable, pues te da la confianza para saber que no se trata de un sueño irrealizable, que el reto es factible y que el único límite está en tu cabeza, o a lo sumo, en la suerte, ya que nunca estamos exentos de alguna avería o lesión que nos impida completar nuestro objetivo. En condiciones normales, sé que puedo hacerlo, pero no conviene menospreciar el reto si no quiero fracasar.


En esta ocasión, con menos entrenamiento del que llevaba el año pasado a estas alturas, se presenta la dificultad añadida de tener que estar en casa pronto, a causa de ciertos compromisos familiares. Salimos a las 8 h. Si quiero cumplir, debo llegar a casa antes de las 18 h. Tengo 10 horas para hacer los 200 kms, sellar en los controles, llegar a meta y desplazarme a casa. Pensando en un tiempo total de paradas en torno a una hora, tendré que hacer un promedio de 25 km/h. A estas alturas de la temporada tampoco está mal. Como las dificultades nunca vienen solas, una buena borrasca se ha situado en el centro de la península y está previsto que llueva durante todo el día. ¡Mierda!


Algunos miembros del selecto Pakefte (http://pakefte.blogspot.com)
En la salida hay unos 60 locos como yo. Parece mentira, lo masoquista que es la gente. Saludo brevemente a Benayas, uno de los habituales en estas pruebas, y a mis dos viejos compañeros del club Hortaleza, Paulino y Antonino, que casualmente han decidido participar en esto. Paulino dice que si va a llover todo el día ya no le apetece venir. Pero hombre, si estuvimos juntos en aquella marcha de los Lagos 2007, en que no dejó de llover. ¡Vamos, Paulino! Y él, que no, que no se sube a la bici para sufrir. Se vuelve a casa.


Antes de salir. Foto de José Manuel Guillamón
Salgo con serias dudas sobre el ritmo a seguir. Roberto y Eduardo, con sus bicis reclinadas, tienen la intención de hacer la ruta rápida, con el mismo plan que yo, pero no veo a nadie más en el Pakefte dispuesto a ello. No sé si son una compañía adecuada, ya que las bicicletas bajas no me taparán el viento, y en llano ruedan más que yo. Pero si me quedo con el grupo es seguro que no llegaré a tiempo. Tengo un plan alternativo, he mirado los horarios de los trenes que pueden tomarse en Aranjuez, San Martín o Ciempozuelos, y que en una hora pueden ponerme de vuelta en la capital. También podría tomar el metro en Arganda. Pero la retirada tendría un sabor amargo. Me apetece hacer la ruta completa. Poco antes de la salida comienza a llover débilmente. Parece que hoy no nos quitaremos el chubasquero.

En ruta. Foto de José Manuel Guillamón
En la primera rotonda derrapo dos veces. Estoy estrenando portabultos y transportín. Hoy no pesan demasiado, pero no estoy acostumbrado al cambio del centro de gravedad. Cojo miedo y bajo hasta Mejorada muy despacio. Roberto y Eduardo se van por delante. Me quedo a la cabeza del Pakefte con Buje. Rodamos bien pero el grupo va a su ritmo, sin prisas. A veces nos destacamos en cabeza, pero levantamos el pie y dejamos que el grupo se una. Todavía estoy tranquilo, hay tiempo por delante y pienso que puedo ir acompañado por el grupo hasta Aranjuez y ya apretaré después... aunque tengo dudas. Además, hemos salido de los primeros. Siempre podría engancharme a un grupo que ruede más, y dejarme llevar. En ese momento, zooooommmmm, pasan como motos los integrantes de un grupo de rodadores. Dios mío, esa no es mi rueda. Un par de minutos después el famoso Fran Vacas, con su casco aerodinámico, pasa a toda velocidad detrás del grupito. Mmmmm... tampoco es mi rueda. No sé...

De repente los de atrás se paran. Buje se percata y se detiene también. Al sentirme solo miro hacia atrás y veo que Buje se queda a esperarlos, pero parece que los del Pakefte no arrancan. Es el momento de la decisión. Si los espero, no llegaré a tiempo. Es el destino, está visto que hoy me toca cabalgada en solitario. Miro hacia delante y pongo el plato grande. Ya no los veré hasta dentro de varios fines de semana. Lástima que, con tanto tiempo perdido, es imposible alcanzar a Roberto y Eduardo. La lluvia arrecia y yo pedaleo solo. Aunque no estoy sobrado de forma, puedo mantener un ritmo vivo. El terreno es favorable. Procuro rodar rápido y al mismo tiempo guardar fuerzas. Hace un tiempo leí algo de psicología para ciclistas. Lo más importante es creer en uno mismo para ser capaz de alcanzar el reto. En los momentos de debilidad no hay que cebarse en pensamientos negativos. Hay que positivizarlos (o "positivarlos", no sé... esta palabra me recuerda mis tiempos de aprendizaje de fotografía, cuando había que revelar los rollos y "positivar" las "diapos", pufff, qué mayor me estoy haciendo...). En esas estoy cuando paso bajo un puente y me doy cuenta de que ahí no llueve, pero al salir de él vuelvo a mojarme. Normal. Ni me estaba dando cuenta de que llovía, pero al abandonar la cubierta protectora del puente para salir de nuevo a la intemperie, la lluvia molesta más. Sé que no viene al caso, pero a estas horas precisamente, mientras nosotros luchamos contra la inofensiva lluvia y contra nosotros mismos en la brevet madrileña, miles de personas están rebelándose contra gobiernos opresores en varios países no muy lejanos. Los recientes sucesos de Egipto, Túnel, Libia y otros países me conmueven. Al dejar el puente protector y sentirme de nuevo indefenso ante la lluvia no puedo evitar pensar en un paralelismo... qué pasaría si a nuestra sociedad acomodada le quitaran el "puente" de la democracia... cómo nos defenderíamos de la intemperie... un escalofrío recorre mi cuerpo y sigo pedaleando. Le doy demasiado al coco. Voy a concentrarme en el velocímetro... 35 km/h... voy bien.

Ah, sí, lo de "positivizar". Es que esto de pedalear en solitario sólo lleva a divagaciones sin sentido. Llevo 25 kms, me quedan 175 y la previsión meteorológica no puede ser peor. Pero hay que pensar otras cosas. Afortunadamente, no llueve mucho. Realmente, si no le presto atención, la lluvia casi pasa desapercibida. Podría ser peor. Podría hacer frío. Lo bueno de la lluvia es que suaviza la temperatura, y es el primer día del año que siento los dedos de los pies. Húmedos, pero los siento. Y los de las manos. El primer día que no se me quedan congelados a pesar de los guantes. El primer día de la temporada que no tengo que pasar ese doloroso suplicio del "despertar" de los dedos congelados, cuando sale el sol y calienta lo justo para que las venas vuelvan a permitir un mínimo flujo de sangre... Hoy no tengo esa sensación. Mis dedos no han perdido sensibilidad. Pienso... "se acerca la primavera, esto es vida!!!". Mi mujer tenía razón. Estoy loco. Debo de estar loco por estar disfrutando así, yo solo, surcando el valle del Jarama con mi frágil bicicleta... ¿frágil?... noooo.... ahora la veo inmensa, potente, poderosa, me imagino en el centro de una secuencia de cine, una cámara sobrevolando en círculos alrededor de mí, y yo devorando kilómetros....  Pedaleo con vigor, y al fondo me parece ver un destello parpadeante rojo. Parecen luces de bicicletas. Efectivamente. Son las reclinadas de Roberto y Eduardo. Voy a alcanzarlos. Es lo mejor que me puede pasar. Sin embargo, ellos no son mancos precisamente. Pasamos una zona de toboganes, en las subidas voy recortando la distancia pero en las bajadas vuelven a despegarse. Tardo más de cinco kilómetros en acercarme lo suficiente para que me vean. Voy a 180 pulsaciones. Tendré que parar si no quiero agotarme... pero ya parece que aflojan. Me han visto. Me esperan... Qué alegría. Se acaba la divagación sin sentido y comienza la brevet. Llevamos casi 40 kilómetros de ruta.

Estamos llegando a Aranjuez. El río Jarama desemboca en el Tajo, es impresionante, pero el día no está para sacar la cámara de fotos. Me estoy mojando mucho. Menos mal que tuve la precaución de forrar mi casco con film transparente. Al menos la cabeza está a salvo de la lluvia. No debe de quedar muy estético, pero es mejor que tener chorreones de agua por la frente. Nos alcanza un grupo numeroso con el que pedaleamos unos kilómetros, pero yo siento hambre y le pido a Roberto que paremos en Aranjuez. A él le parece bien, y Eduardo tampoco tienen ninguna pega. Nos damos cuenta de que ya no llueve tanto, pero en grupo te mojas más, porque te calan las ruedas de los que van delante. Comemos y seguimos. Pasamos por una tienda de bicis y Roberto me aconseja comprar una cámara. Buena idea. El dueño de la tienda sabe de qué va esto. Tiene una medalla de alguna brevet colgada en la pared y me da ánimos con algún comentario. Me ahorra el esfuerzo de quitarme los guantes empapados y me pone la cámara y la bolsa con mi dinero directamente en el bolsillo de mi maillot. ¡¡¡Gracias!!!

Mis fantásticos compañeros de escapada, Roberto y Eduardo
Ahora no llueve casi nada. La subida desde Aranjuez hasta Ciruelos me pareció más dura el año pasado. La hago con un chaval de Aranjuez que me cuenta que sólo lleva tres años cogiendo la bici, el año pasado hizo nueve horas en la Quebrantahuesos y este año va a intentar la medalla de oro, con siete horas y media. Y yo, orgulloso de mi plata obtenida en 2007 con algo más de 9 ho. Dios mío, no somos nadie.


En Huerta de Valdecarábanos, el punto más alejado de Madrid, realizamos el primer control. Nos cruzamos con Benayas, que ya sale del pueblo. Madre mía, ¡qué fuerte está! Y nos tomamos un café rápido, porque no es cosa de detenerse demasiado, que el tiempo apremia, aunque en realidad vamos bien. Apenas llueve y afrontamos el tramo más bonito de la ruta, la subida a Cabañas de Yepes. En este momento Eduardo se está quedando un poco atrás, parece que da algún síntoma de debilidad. Al mirar atrás lo veo pedalear sobre su reclinada, y justo detrás de él, un horizonte de colinas peladas con matorrales bajos, pero de intenso color verde mezclado con el marrón pálido de la tierra. Por encima, los infinitos tonos grisáceos del cielo en el día de hoy. Una estampa verdaderamente fantástica. Lástima no tener una cámara de fotos implantada directamente en la retina. La de fotos que no me perdería.


Lo bueno dura poco. Volvemos a la civilización y pasamos por Ocaña. La gente, como siempre, se vuelve para admirar los prodigios mecánicos que me acompañan. Soy completamente invisible para la gente, que no ha visto una bici reclinada en su vida. ¡¡Y mucho menos, dos juntas!!. Estamos llegando a Villarrubia de Santiago, donde se encuentra el segundo control. Estamos a punto de subirnos al autobús del viento en popa. En el horizonte algunas banderas ondean prometedoras y los aerogeneradores giran con fuerza. Muy buena noticia.

Aspecto patético, a mal tiempo buena cara.
En Villarrubia doy cuenta de mi plato de pasta. Es un poco tarde, no creo que me sirva para nada, sólo quedan 80 kilómetros, pero bueno, ya que lo he traído para estrenar el transportín, habrá que comérselo en algún momento. Llegan varios ciclistas, entre ellos Jorge, un antiguo compañero del Hortaleza, veterano y potentísimo, ha llegado a ganar alguna carrera internacional de veteranos. Dice que han tenido un percance con un sillín roto y no sé cuántas cosas más. Espero que tengan mejor día.

El descenso al Tajo también es super corto. No puede ser, lo recordaba más largo, y sin embargo, la subida de la ladera contraria es eterna. Vuelve a llover ligeramente. Roberto se va hacia delante. Eduardo y yo nos quedamos un poco atrás. El va mejor que antes y yo me estoy quedando sin fuelle. Son casi trescientos metros de subida en vertical. Al coronar, Roberto está esperando tranquilamente en el arcén y nos sonríe dándonos ánimos. Dice que ya está casi superado, que el terreno es favorable y tal... pero yo no termino de ver las bajadas por ningún sitio. Todo son toboganes y falsos llanos. Estoy empezando a sufrir. Pasamos Colmenar de Oreja y Chinchón bajo una suave lluvia, que a ratos se hace más intensa. Doy síntomas de debilidad. Es la primera ocasión de la temporada en que hago más de 130 kilómetros. Antes de llegar a Ciempozuelos ya voy haciendo la goma claramente. Debí haber comido algo de energía más rápida, un gel o algo...

En algún punto de esta carretera adelantamos a Jorge, que está parado junto a su compañero, con otra avería mecánica. Tienen el día negro.

La entrada a San Martín es penosa, voy arrastrándome en bici, dejándome llevar... y todavía quedan más de cuarenta kilómetros, con la subida final hasta Vicálvaro. Vamos bien de tiempo. Creo que tengo que recuperar energías. Entramos a un bar donde nos sellan los carnets. Me tomo un refresco, un trozo de bocadillo de tortilla compartido con Roberto, barrita y un gel (mis compañeros lo llaman "vomitona", pero me da cosa decirlo). Quizá es demasiado, pero es que tenía el estómago vacío. A nuestro lado en la barra del bar hay un señor de aspecto normal, que empieza a entablar conversación con nosotros. Bueno, más que conversación, monólogo. Articula bien las palabras, pero sus frases no tienen sentido, empieza a hacer una disertación inconexa sobre no se qué mezcla de política, religión y otras materias. La camarera se parte de risa ante mi cara de estupor. De repente el personaje se dirige a Roberto y le dice algo así como "Tú eres el capitán del equipo, ¿verdad?", en un momento de lucidez antológico. Efectivamente, en medio de la confusión, si algo está claro, es que Roberto es el capitán.

Camino de vuelta. Foto de José Manuel Guillamón
Vuelve a llover. A la salida de San Martín estoy bastante recuperado. Roberto se sorprende de cómo ruedo, pero la cosa dura poco. En cuanto llegan los primeros repechos, la carretera me pone en mi sitio. Vamos a llegar alrededor de las 17 h., cumpliendo todos los planes previstos. Esto tiene más pinta de éxito que de otra cosa, pero yo me siento totalmente machacado. La Poveda, Arganda, Velilla, Mejorada.... vamos descontando kilómetros.   ¡¡¡Vicálvaro, 11 kms, mira Eduardo!!! ¿Por dónde subimos? Yo prefiero rodear por el Cristo de Rivas, que tiene menos pendiente y menos tráfico, pero Roberto dice que por la carretera principal es más recto y más rápido. Vuelvo a hacer la goma... Como me quedo atrás decido que seguiré por donde ellos tiren, y veo que giran hacia el Cristo de Rivas. Menos mal que Eduardo tampoco va muy sobrado, o bien es muy generoso para que no me sienta mal. El caso es que subimos juntos hasta la Cañada Real Galiana y así entramos en Vicálvaro. Esto ya está!!

Punto final. Prueba superada.
Mi GPS lleva programada la ruta para hacerla en el tiempo que tenía previsto. Esta función se llama "compañero virtual" y permite saber en todo momento si estamos cumpliendo con la previsión o no. Lo consulto y me dice que llevamos 200 metros de adelanto. ¡¡Roberto, vamos a darnos prisa, que podemos ganarle al GPS!! Aceleramos un poco, pero yo vuelvo a quedarme a cierta distancia. En una de las últimas bifurcaciones, Roberto se va a la izquierda... ¡¡Roberto, que no es por ahí, que es por la derecha!! pero no tengo fuerzas para gritar y tampoco estoy muy seguro del camino porque no conozco muy bien este barrio. Hemos tomado el mismo camino de la salida. Tras subir unos 500 metros nos damos cuenta de que esa ruta es dirección prohibida, no tiene salida.  ¡¡Joder, joder, que nos gana el compañero virtual!!  No puede ser, hay que girar a la derecha pero un enorme muro lo impide. Tenemos que dar un rodeo...  


Y mi bici quedó así
Empieza a arreciar la lluvia y nos internamos en el barrio de Vicálvaro por una serie de calles viejas y empedradas. No tenemos ni idea. Mi GPS hace la señal sonora indicando que el compañero virtual acaba de terminar la ruta. ¡¡Mierda, nos ha ganado!!

Varios zigzagueos más tarde, algunas rotondas y más semáforos, llegamos a la plaza de la Vicalvarada y sellamos nuestros carnets de ruta en el bar La Escopeta. Son las 17:30 h. Después de todo no ha estado tan mal. Han sido 200 kilómetros a unos 26 km/h de media, y aproximadamente una hora y media sumando todas las paradas.

Desde luego, si no es por la compañía y la gran ayuda de Eduardo y Roberto, no lo habría conseguido. ¡¡MUCHAS GRACIAS, COMPAÑEROS!!.

EPÍLOGO.

La brevet de Vicálvaro ha sido muy esclarecedora para mí. El año pasado no sabía por qué había empezado a aficionarme a esto de las brevets y el ciclismo randonneur. Este año ya lo sé. Sigo sin saber explicarlo, pero lo he sentido... y si alguien ha llegado leyendo hasta aquí, sólo espero que pueda intuir algo, ya que los sentimientos son difíciles de compartir y comprender. 


Quienes participan en marchas cicloturistas al uso (yo mismo lo hago en muchas ocasiones) no pueden entender esta otra forma de hacer ciclismo. Mis palabras les resultarán extrañas e incomprensibles. Lo que más se parece a una brevet es otra brevet, aunque todas son diferentes. Esta vez he sido disidente del seno del Pakefte para vivirlo de otra forma junto con mis dos compañeros, pero también añoro las brevets lentas con mi grupo, tampoco exentas de aventura, como las antológicas de 300 y 400 kilómetros de la temporada pasada. Seguro que haré más esta temporada, todas las que pueda...

-- 
Jose Antonio Jimenez
http://dessafio.org
Todos los hombres mueren; no todos los hombres viven.(William Wallace)

viernes, 18 de febrero de 2011

Comienzo de temporada

Han sido varios meses sin actualizar este blog, ya que mi actividad no ha estado tan dedicada al ciclismo como me hubiera gustado, pero comienza una temporada y es el momento de hacer mejores propósitos. De momento, mañana tengo mi primera prueba, la brevet de 200 kms organizada por el club Pueblo Nuevo, saliendo desde Vicálvaro hacia el Sur, principalmente por el valle del Jarama, con algunas subiditas que suman al final unos 1300 metros de desnivel acumulado.

Esta es la ruta que pensamos hacer:





El problema es que queremos hacerla en menos de 8 horas (tiempo neto de pedaleo) para llegar a Madrid a las 17 h... y además el tiempo previsto es totalmente lluvioso... 



...no sé... Ya contaré la semana que viene si lo conseguimos o no...

martes, 27 de julio de 2010

DESSAFIO NOCTURNO - 24 y 25 de Julio de 2010

Una jornada digna de recordar. Para muchos era la primera vez que se enfrentaban a una pedalada nocturna. Hubo algunas dudas a la hora de plantearse la ruta y algunos prefirieron adaptar el recorrido a sus necesidades, pero el plan original era terminar comiendo churros en Valdepeñas, y así lo hicimos.

Hubo que repartirse para conducir el coche escoba y fue una sabia decisión. Amablemente se prestó Domingo, de la Peña Ciclista Alcalaína, a hacer la primera parte. El coche fue aportado por Juan Leonardo, ciclista y propietario de Grúas Alcalá. No tenemos con qué agradecer la estupenda predisposición al sacrificio de Domi. Ya lo demostró en el Dessafio 2009 y sigue dando muestras de ello. GRACIAS COMPAÑERO!!

A partir de Frailes tomó el relevo en el coche un esforzado Remi, otro de los que nunca fallan cuando hablamos de generosidad, y desde Castillo se puso a los mandos Rubén, acompañado por mí mismo como copiloto, ya que no conocía muy bien el terreno. Vimos amanecer en la ladera de la Morenica, sobre las cascadas del río Grande, y seguimos al grupo de supervivientes intentando animarlos hasta coronar Chircales, donde ya se podía considerar que la prueba estaba superada.

Los churros estaban de lujo.

Y como más vale una imagen que mil palabras, paso a expresarlo en fotos:

- El descenso:


- Pequeño contratiempo


- Dos figuras. Infinitas gracias, Juan Leonardo!!

- Nunca hemos llegado así de frescos a la Sierra del Trigo


- Sin comentarios:


- En Frailes:


- Nacimiento del río San Juan:


- Amanece sobre el río Grande


- Alto de Chircales, el último escollo superado:


- La recompensa prometida:


Podéis ver todas las fotos en:
http://picasaweb.google.es/jj99211/20100725DessafioNoche#


Y, tachán... este es el vídeo:

-> Trailer de 100 segundos:



-> Versión completa del vídeo: